miércoles, 21 de mayo de 2014

Te olvidé con un beso...

Es en junio... cuando sube la temperatura y los calores encienden, cuando la tarde sofoca y no sabes qué hacer, cuando los suspiros se entrecortan y tu respiración desciende.  Pues he aquí una historia que empieza así...

"Si yo fuese etérea y tú efímero nuestros mundos se conjugarían en perfecta armonía, nuestras almas se encandilarían en perfecta sintonía, nuestros cuerpos se unirían y no se separarían jamás... 

Es lo que me repetía una y otra vez cada vez que le veía, cada vez que hablaba con él, con cada roce, con cada caricia iba siendo suya cada vez más, entre suspiros y susurros íbamos directo a desfallecer.  Nuestros diálogos iban en aumento, nuestras risas se irían desbordando hasta acabar en una ola cuando acaricia el mar y acaba en la arena... plácida.

Pero tú eres tú y yo soy yo y tus sueños debías alcanzar y en una tarde de junio me dijiste que te ibas para encontrar el tesoro que tanto ansiabas buscar.  Fue un beso que me quitó el aliento, fue un susurro que derrumbó mis cimientos, fueron unas caricias que convirtieron mi triste corazón en una llama ardiendo.

<Ahora podría haber sexo desenfrenado... pero yo soy hombre de hacer el amor, de sentir cada parte de sí, de estar en perfecta calma en cuerpo y alma... Espérame> Me dijiste.  

Yo sólo pude asentir, mi habla había quedado reducida a cenizas.  Entonces me diste el beso y con él me quitaste el alma, pero me guardé mi corazón para tenerlo por si hubiera que salir corriendo y no volver jamás.

Las horas corren lentas, los días se hacen eternos, no he podido olvidar aquel beso, ni siquiera he conseguido difuminar tus palabras... clavadas en el tiempo, pegadas a mi piel... esperando el momento... de verte.

Falta poco para adorarte, siento una ansiedad descontrolada, una melancolía estancada que está por estallar para convertirse en deseo carnal. Ha valido la pena cambiarlo por amor? Sí, claro que ha valido la pena, ha valido la pena no olvidarte con aquel beso y tener preparado mi corazón para dártelo cuando estés aquí, porque se que tú querrías hacer lo mismo.  

Te espero... ya estás aquí.