sábado, 17 de mayo de 2014

El Pirata...

Cuenta la leyenda que una vez existió un Pirata que sí tenía dos patas, era apuesto y bastante tiarrón, como la brisa del mar cuando te refresca el cuerpo... imponente y varonil. Pero dentro de su alma ocurría algo especial:  no podía mostrarse como tal, no podía expresar sus sentimientos porque sino sería derrotado antes de luchar.

El tiempo pasaba y él no era el mismo, se fraguaba en su frente las huellas de la edad, sentía su alma que le faltaba su otra mitad. Siempre se preguntaba cada día si la encontraría, se estaba haciendo viejo y el tiempo sentía sobre sí, sentía sobre su espalda los surcos de los años, sentía soledad... la tan evitada soledad.

Su carácter era sin igual, unas veces gruñón y otras veces bonachón, era el alma de la fiesta, siempre buscaba aflorar su bravura convirtiéndola en su gran estatura. 

Pero un día ocurrió algo que nunca esperó...


Cuenta la leyenda que una dama apareció, puso su mundo al revés, porque su timón comandó y a todos sus tripulantes encandiló.  Dicen que en cuanto la vio su alma floreció, porque sabía que en el fondo de su corazón ella era su otra mitad.

De pronto su carácter cambió, cuenta su tripulación que su cuerpo adquiría un matiz especial en cuanto ella pasaba alrededor, que su voz modulaba cuando ella le hablaba, que su boca frotaba cuando ella le miraba, que sus manos temblaban cuando ella se le acercaba, que sus ojos volaban en cuanto ella se sentaba.

Todos comenzaron a temerle, porque sabían que la dama lo hechizaría, que con su voz modulada, su pequeña estatura y su cara de ángel se llevaría al famoso Pirata a las sendas del amor.  Sentían pena por él porque creían que estaba derrotado, que ya no quedaría nada del Pirata que sí tenía dos patas.

Cuenta la leyenda que cuando el Pirata desesperado la acorraló en la cocina, su tripulación corrió embravecida a estribor y a babor, izaron las velas, tiraron anclas porque sabían que todo estaba perdido, sabían que había llegado la hora del Pirata que sí tenía dos patas.

Silencio en la cocina... suaves murmullos escapados, suspiros entrecortados escapándose en el aire, ruido de ollas aquí y allá, vapor enmoheciéndose en la ventana.... Qué ocurría? Qué se oía?

Nada más y nada menos que su alma sabía que por fin había encontrado su otra mitad... el Pirata que sí tenía dos patas estaba cocinando con la dama...