miércoles, 18 de febrero de 2015

Algo más que chocolate

Ocurrió sin más. Si me hubiesen dicho que acabaría así, simplemente me hubiera reído sin parar, hasta perder la conciencia, que no es otra cosa que una sinrazón aparente. Pero que muy en el fondo, me lleva a pensar en la posibilidad de que la magia existe o al menos creer en tu magia infinita.

En un día de invierno, en el que el frío cala los huesos, en el que la brisa del mar hiela los sentidos y no los deja pensar. En un día en el que necesitas sentir la tibieza de un corazón encadenado a ti, o simplemente un día en el que quisieras guarecerte bajo una hoguera y una manta.

Paseaba por los escaparates más preciados de tu ciudad, queriendo comprarlo todo, queriendo probarlo todo y en especial queriendo encontrar una señal que me llevara hasta ti.

Cansada sin más, con los pies doloridos y con el cuerpo frío por fuera pero caliente por dentro, me senté en una cafetería para "inyectarme" en el cuerpo una taza de chocolate caliente que pudiera llegar a mi alma adolorida...de soledad.

Cuando me entregaron la carta, no sabía cuál escoger, los había de chocolate con leche y un toque de naranja, o también chocolate de Colombia con trazos de canela, o chocolate blanco y pepitas de oreo. Tan absorta estaba en mi escrutinio a la carta cuando no me di cuenta de que las bolsas que había comprado se habían esparcido hacia un costado hasta llegar a tus pies.

- Perdona, se te han caído.

Tu voz fue fría, hasta diría que un poco pedante. Como si te molestara que el contenido de mis bolsas te hayan tocado la piel.

- Lo siento, estaba tan absorta tratando de elegir el sabor del chocolate que no me he dado cuenta.

Cuando hice ademán de quitar las bolsas de tu lado, el contenido de una de ellas se volcó más hacia tus pies y pude ver que era una de las de ropa interior que momentos antes había comprado. Cuando viste el conjunto los ojos se te salieron de las órbitas, tu respiración se oía entrecortada y tu boca se entreabrió hasta emitir un sonido ininteligible.

Me puse roja como un tomate, te miré a los ojos tratando de buscar una razón y no pude evitar quedarme mirando absorta la comisura de tus labios. Sonreí porque tenías restos de chocolate en ellos.

- Qué te parece tan gracioso?
- Es que...tienes restos de chocolate en los labios.
- Oh, vaya....

Con la servilleta te limpiaste la boca pero los restos de chocolate no querían irse de tus labios, así que yo seguía sonriendo viéndote haciendo el esfuerzo.

- Siguen allí verdad?
- Ajá.
- Y ahora?
- Mucho mejor...pero creo que tienes que seguir trabajando en ello.
- Y ahora?
- Ahora sí.
- Bien. Toma, es mejor que guardes "tu compra" en la bolsa.
- Es verdad, gracias.

Guardé la ropa en la bolsa nuevamente y las coloqué a mi lado encima de la silla vacía. Y continué con mi decisión de cuál chocolate sería mejor.

- Dado que soy "experto" en chocolate en los labios, me dejas recomendarte uno muy bueno?
- Mmm, si claro.

Te levantaste de tu mesa, cogiste las bolsas y las colocaste a tu lado en la otra silla y te sentaste a mi lado.

Desde ese día no sólo compartimos y bebimos chocolate caliente sino que hubieron muchas más compras de ropa interior esparcidos a tus pies y a tu piel.

Fue algo más que chocolate...mucho más.